El Pato Donald como herramienta de colonialismo cultural: Un análisis de Para leer al Pato Donald
La cultura de masas ha sido, desde sus inicios, un poderoso mecanismo de transmisión de valores e ideologías. En Para leer al Pato Donald (1971), los autores Ariel Dorfman y Armand Mattelart analizan los cómics de Disney como una herramienta de dominación cultural, diseñada para perpetuar los valores del imperialismo en los países del Tercer Mundo. Este ensayo explora el contexto histórico del libro, la metodología de sus autores y las ideas clave que sostienen su crítica, destacando su relevancia en el estudio de los medios de comunicación y la ideología.
Ariel Dorfman, escritor y crítico cultural chileno, y Armand Mattelart, sociólogo belga especializado en teoría de la comunicación, escribieron este libro en el contexto del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile (1970-1973). En un momento de profundos debates sobre la dependencia económica y cultural de América Latina respecto a las potencias hegemónicas, Para leer al Pato Donald surge como una respuesta crítica a la influencia de la cultura estadounidense en los países en vías de desarrollo. Tras el golpe de Estado de 1973, el libro fue prohibido y sus autores perseguidos, lo que evidencia su carácter subversivo dentro del contexto político chileno y su impacto en el análisis cultural latinoamericano.
El argumento central del libro es que las historietas de Disney presentan una visión del mundo que refuerza la desigualdad económica y social. Según Dorfman y Mattelart, estos cómics transmiten la idea de que la riqueza es algo natural y no debe cuestionarse su origen ("El capital no necesita justificación, simplemente es"), lo que despolitiza la realidad económica y evita que los lectores desarrollen una visión crítica del sistema capitalista. La ausencia de figuras paternas en el universo Disney es otro aspecto relevante; los niños, como Hugo, Paco y Luis, no tienen padres y son criados por un tío sin responsabilidad real sobre ellos. Esta estructura, según el libro, fomenta un modelo individualista donde cada personaje debe arreglárselas por sí mismo, eliminando la transmisión de valores familiares y colectivos, lo que refuerza la ideología dominante en la sociedad capitalista.
El libro también examina la representación del Tercer Mundo en las historietas de Disney. En muchas historias, los personajes occidentales viajan a tierras lejanas en busca de tesoros, encontrándose con poblaciones autóctonas retratadas como ingenuas o supersticiosas. Esto refuerza la idea de que las riquezas naturales de estos países están ahí esperando ser explotadas por los occidentales, justificando de manera simbólica la intervención económica y cultural en estos territorios. A pesar de haber sido escrito hace más de 50 años, el libro sigue siendo un referente en los estudios de comunicación y teoría crítica. Su metodología de análisis estructuralista permite identificar los mensajes implícitos en productos de la cultura popular, algo que sigue vigente en el estudio del cine, la televisión y las redes sociales actuales. No obstante, algunos críticos consideran que la postura de los autores es demasiado determinista, al asumir que los consumidores de estos cómics son receptores pasivos de la ideología dominante, sin capacidad de reinterpretación o resistencia.
Para leer al Pato Donald no es solo un análisis de cómics, sino una denuncia de cómo la cultura de masas puede ser utilizada para legitimar el dominio económico y cultural de las potencias imperialistas. A través de su crítica, Dorfman y Mattelart invitan a los lectores a cuestionar los productos de entretenimiento que consumen y a reconocer las estructuras de poder que se ocultan detrás de ellos. En un mundo donde la globalización mediática es más fuerte que nunca, la pregunta que plantea el libro sigue vigente: ¿Somos conscientes de las ideologías que consumimos a diario?
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